Hoy (aunque por la hora, debería decir ayer) me reuní con la Valentina, una de mis mejores amigas de la vida. Esa mujer que conocí el 2009, en el CCP, gracias a las actividades de nuestras respectivas academias científicas del colegio. Nunca olvidaré el modo en que la conocí.
Yo entré, junto a un grupo de amigos, nervioso a la sala del CCP, llena de mujeres, de nuestras edades, todas adolescentes, en etapas de flirtear (XD) y la vi de lejos, con sus ojos de color miel, su pelo claro y su piel blanca. CON SU SONRISA QUE FORMA MARGARITAS. Bugambilias.
De pronto, empezamos a conversar y una de las primeras cosas que sé es que es hija de mi profesora favorita del Instituto. El mundo es un pañuelo, me dije en ese entonces. EL MUNDO ES UN PUTO MICROPAÑUELO, confirmo ahora. La vida es chistosa.
Recuerdo a Yann Tiersen. Recuerdo a la Bárbara. Recuerdo al trío conceptual. Recuerdo los cafés, los chancheos. Recuerdo nuestra película. Tengo muchos recuerdos contigo.
En tiempos donde la nostalgia está en venta, pretendo confinarme en este espacio y tratar de resguardarme como sujeto que ha vivido, porque tengo la impresión de que soy un hombre de 21 años con poca vida.
Parece que sí, parece que no.
Hoy nos vimos y nos contamos nuestras vidas o lo que recordamos de ella. Te hablé de todo, me hablaste de lo otro. Nos contamos de él. Estás bien, estoy bien. Estamos bien.
Lo primero que hiciste al verme fue entregarme "Sputnik, mi amor". Qué libro más importante. Sumire ha vuelto oficialmente a mi vida. Nos despedimos y ya voy en la página 40. Me devoro el libro porque siento que a través de Sumire están contando mi historia. Recorro las páginas velozmente porque espero que en esas líneas esté eso que me está faltando. QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE POR FAVOR. Eso parezco pedir, a gritos. Que me expliquen. Y Sumire lo hace.
Sumire y su obsesión por ser novelista. Sumire y su primer amor a los 22 años (me quedan menos de 2 semanas). Sumire y...
A través de las risas (sí, repetiré mucho las risas, porque Valentina es risa), recordamos mi período frágil de 2011-2012. Te quiero mucho, me hiciste recordar ese "episodio" en donde intentaba cruzar con luz roja y me detenía con luz verde. Sí, la primera vez estaba contigo. Te hablé de la dualidad. Te pregunté, histérico, HISTÉRICO, porqué mierda en la vida todo se tenía que clasificar, generalizar, conceptualizar, categorizar, limitar, ENCERRAR. Y no me supiste responder y te sentiste mal, eso me confesaste hoy. Pero es que cómo me ibas a contestar, no se puede. No tiene respuesta hasta ahora. Gracias por estar conmigo en esos momentos.
Pienso en ti, pero no paro de pensar en Sumire. Esta lectura que estoy haciendo ahora es TAN IMPORTANTE. Al terminar esta entrada, buscaré otra, antigua, que se encuentra en este mismo blog. Una que se llama precisamente "Sumire". Quiero saber lo que sentía el Diego de hace años atrás, quiero comparar, cotejarla con esta. Con este Diego supuestamente más maduro, con más "vida". Será interesante. Tan interesante como la pregunta que me hizo Valentina hoy. "Diego, ¿Tú crees que he cambiado?"
Me lo preguntaste con referencia a la creencia común de que la gente cambia al llegar a la universidad. Yo te dije que tu "aura/esencia" seguía igual. Te reíste. Te dije que si la gente cambiaba quizás era por el paso del tiempo, pero no por la institución en sí. Yo te pregunté si había cambiado y me dijiste que sí, pero no sabías explicar qué cosa. Me dejó pensando.
Esto se llama "Las dos Valentinas" porque en estos momentos estoy comparando la visión inicial que tuve de tu existencia y la visión final, de hoy, cuando me despedí y me bajé del metro y te dije que te quería mucho.
En el abrazo si sentí un cambio. Sentí una amistad más fuerte. Sentí que fue un abrazo con más amor, porque hemos compartido más. Sí, eso ha cambiado y ha cambiado para mejor. "Los abrazos nos mantienen con vida" es uno de mis frases favoritas. Y es tan chicle y es tan poco Diego, pero no puedo evitar adorar esa frase, porque en los abrazos puedo expresar tantas cosas, que las palabras no me dejan (lamentablemente).
La gente cambia. La gente se va. La gente hace promesas que no puede mantener.
No te voy a prometer que seremos amigos para siempre. Tú sabes que ya lo hice con una persona y esa promesa se fue a la mierda. En realidad no te voy a prometer nada. Sólo quiero agradecer tu tiempo. Tú eres una de las fieles lectoras de esto, así que hace tiempo que te merecías esto mujer. Creo que hay otras entradas, pero este es otro Diego, otro sujeto enunciando.
Que las margaritas de tu rostro no se vayan nunca. Que tu deseo de ser un personaje de Haruki se te cumpla, con la condición de que no seas Sumire, no porque yo me sienta identificado con ella y tú no puedas, sino por otra cosa que tú también sabes.
Tendría miedo de que fueras Sumire.
¿Por qué?
Porque sabemos que Sumire quizás no vuelve.
Volví a Sumire.
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