martes, 8 de julio de 2014

Edipo después de la anagnórisis

Atrapada en la oscuridad, disimula su nerviosismo, mientras presta  máxima atención a los ruidos exteriores. Bocinazos, música de un celular, el timbre de la micro, las palpitaciones de su corazón.
Piensa en su hija mayor que la estará esperando en el paradero con el miedo de siempre. ¿Llegaría a casa esta noche?
Han pasado cerca de 15 minutos desde que se subió a la micro. Es su turno de bajarse.  Tiene que decirlo antes de que se pase, se ruboriza, se avergüenza.

Grita, haciendo sonar su bastón  “¿Alguien puede avisarme cuando lleguemos al paradero 41?” 
Silencio. 




















Oscuridad.

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