Atrapada en
la oscuridad, disimula su nerviosismo, mientras presta máxima atención a los ruidos exteriores.
Bocinazos, música de un celular, el timbre de la micro, las palpitaciones de su
corazón.
Piensa en
su hija mayor que la estará esperando en el paradero con el miedo de siempre.
¿Llegaría a casa esta noche?
Han pasado
cerca de 15 minutos desde que se subió a la micro. Es su turno de bajarse. Tiene que decirlo antes de que se pase, se
ruboriza, se avergüenza.
Grita,
haciendo sonar su bastón “¿Alguien puede
avisarme cuando lleguemos al paradero 41?”
Silencio.
Oscuridad.
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