martes, 27 de enero de 2015

Me alegra el fin de la selección.

A raíz de los comentarios, discusiones, afiches e incluso memes que he visto en mis propios contactos de las redes sociales sobre la reforma educacional y particularmente sobre el "salvemos a los colegios emblemáticos" es que me he dado el tiempo de hacer una especie de reflexión autobiográfica del asunto, para exponer mi contento y apoyo a la eliminación de la selección en los colegios, inclusive los llamados emblemáticos, desde la perspectiva que me da el haber estudiado en el Nacional.
El famoso afiche que mostraban en la tele los furiosos padres del Instituto Nacional esgrime: "Sí a la selección por mérito académico. No a la selección por condición socioeconómica". ¿Acaso esos dos factores se pueden separar?
NO. No se pueden separar porque el concepto de mérito académico acá se resume en el rendimiento de una prueba de selección que se les toma a los estudiantes a mitad de 6to básico. Prueba que definirá su ingreso al establecimiento. A eso se resume el "mérito académico" que defienden estos padres, pues esa prueba puntual te dice "eres capaz", o, en la mayoría de los casos, "sigue en tu colegio de población".
Yo vivo en San Bernardo, cerca del hospital El Pino, reconocido en las noticias como un lugar peligroso y sencillamente, periférico. Estudié en el colegio A-125 donde una misma profesora - anciana, gritona y frustrada por décadas de malas condiciones laborales- me hacía clases de inglés, de lenguaje y de artes plásticas. Sí, la MISMA profesora para las 3 materias.
Pero también tuve la suerte de tener una madre que buscó información sobre buenos colegios porque quería que "saliera adelante" y supo de las pruebas en el Nacional. Fue en ese momento donde partimos a la feria a comprar libros usados Santillana -reconocidos por su calidad - de lenguaje y matemáticas para empezar a estudiar yo solo y así poder rendir una buena prueba y quedar en el IN.
Gracias a esos libros aprendí fracciones, números decimales, entre otras cosas. Materias a las que nunca tuvimos acceso en mi colegio poblacional.
¿Qué me encontré en la prueba de selección del IN?. Con fracciones, con números decimales. Es simple: si no hubiera estudiado solo, si no hubiera tenido una mamá que me indicó el camino, no hubiera rendido una buena prueba y no hubiera entrado al colegio.
Y aquí es donde se asoma el peligroso discurso de la "meritocracia". Ese que esgrime, tan simplistamente que "el que quiere puede", "el que no surge es por flojo".
Qué discurso más violento, qué discurso más humillante. Y es así porque silencia muchas cosas.
Pues en todos los sectores pobres de Chile está lleno de niños que viven en entornos poco seguros, poco educados, con CERO posibilidad de conocer incluso la existencia de "colegios emblemáticos". Con madres jóvenes que han sido criadas en el mismo contexto, con cero iniciativa sencillamente porque nadie les ha mostrado otro mundo. Niños de apenas 11 años que nunca han sido inspirados por profesores o por sus propias familias, que nunca han escuchado que el educarse de manera transversal puede ser un factor que cambie sus vidas para siempre. Esos niños no son más tontos que los que quedaron en los emblemáticos, no son "pendejos flaites que no quieren estudiar porque prefieren tontear". Son niños que no han tenido las mismas oportunidades que otros. Y eso se debe sencillamente a la aterradora brecha socioeconómica de este país.
Pueden decir que yo mismo, estudiante de San Bernardo, soy un ejemplo de esa manoseada meritocracia, de que si yo pude, porqué los demás no. Mi caso se debió a mi madre y a esos libros comprados en la feria. Pero ese hecho puntual no debería definir el futuro de los estudiantes con pocas oportunidades.
Y es muy grande la diferencia entre la gente que se queda "atrás", en esos mismos colegios poblacionales que a nadie le importan, y de los que pudimos entrar a esos nichos privilegiados de buena educación pública. Gracias a las redes sociales pude ver cómo mientras yo estudiaba medicina, mis ex compañeros del colegio A-125 mostraban fotos con sus guaguas, ponían estados de cómo estaban cansados de trabajar en un retail 6 días a la semana. Mientras a mi me esperaban años de seguir estudiando contento en la universidad, dejé atrás a miles de jóvenes que jugaban conmigo en los recreos a vivir unas vidas que no los satisfacen. A sumarse al 90% de la población que espera ferviente el día viernes para salir de sus rutinas de mierda.
Si se hace realidad el fin de la selección total en colegios emblemáticos, entrará una heterogénea mezcla de alumnos que harán más ricas las interacciones en las salas de clases. Confío en particular en los profesores del IN, que son los que yo conocí. Muchos buenísimos, tanto en el dominio de sus materias como en inspirar a sus alumnos. ¿Por qué niños de escasos recursos no tienen la posibilidad de entrar al colegio a recibir enseñanzas de ellos? ¿Sólo porque no tuvieron la suerte de estudiar en un buen colegio durante los primeros 6 años de enseñanza básica?
La selección por "mérito" segrega por condición socioeconómica. Punto.
Algunos dirán que quizás alguien con mi misma historia en un futuro quede fuera por la "tómbola" o lo que sea y que eso es una pena. Lo es. Pero ¿Por qué un niño "aplicado" merece más la compasión que un niño al que nunca se le ha inspirado a estudiar? Nadie parece lamentarse por los cientos de estudiantes que año a año quedan fuera de esos procesos de selección (sin mencionar a los ya mencionados niños que nunca conocieron estas realidades). Obvio que nadie se lamenta por ellos, porque "les fue mal en la prueba nomás", "no se la pudieron". Hay mejores que ellos y punto. El mundo es una competencia y sólo sobreviven los más fuertes. Qué pena vivir en una sociedad así.
Por otra parte, ya hace 3 años que he tenido la hermosa experiencia de ser tutor en preuniversitarios populares de El Bosque e Independencia, que reciben a alumnos de escasos recursos, que vienen la mayoría de colegios como en los que yo estudié hasta 6to básico. Y son alumnos muy empeñosos que intentan a toda costa superar los 12-13 años de brecha en calidad con respecto a sus "competidores" de colegios mejores que los suyos. He visto casos particulares de alumnos que se sacan la cresta todo el año y aún así sus puntajes no son tan sobresalientes como para alcanzar a los que provienen de colegios pagados. Si eso no es segragación, ¿qué es? No vengan a manosear un concepto como el mérito.
Aparte el mismo hecho de comparar a estudiantes por un número lo hace un elemento horrible de aceptar. Yo entré al IN en el puesto 157. Sí, no lo he olvidado. Porque es lo primero que te preguntan al entrar a la semana del "Instituto te recibe" en la primera semana de Enero. Donde muchos -incluidos yo- salimos aterrados y casi llorando de las clases al decirnos que eramos tontos y que no sabíamos leer bien.
Yo estoy muy contento de haber estudiado en el Instituto Nacional, porque conocí personas geniales, aprendí mucho y siento que si no hubiera entrado a ese colegio, no estaría donde estoy ahora en el ámbito académico. Y es por esa misma razón por la que creo que la eliminación de la selección en los colegios, incluidos los emblemáticos, es algo bueno. No se trata de "emparejar hacia abajo". Se trata de intentar ofrecerles una mejor educación a todos, de intentar subir el nivel en todas las escuelas públicas. Así no serían necesarias las excepciones como las del Instituto Nacional.
Y obviamente, hay MUCHO que avanzar todavía.



viernes, 16 de enero de 2015

El viejo de la bicicleta

Se sentaba todos los días, exactamente a las 12:07 pm a comer un pedazo de sandía con harina tostada, sentado en la solera de la calle. Los dos perros, uno blanco y el otro café, jugaban a su alrededor en el momento más libre de su vida perruna. El viejo escupía las pepas de la sandía a una bolsa que tenía a su lado. Era su juego favorito tratar de achuntarle a la bolsa. En el caso de perder la puntería, el viejo se castigaba con el trabajoso empeño de recoger las pepas. Trabajoso porque sus manos tenían una rara condición que hacía que sus cartílagos se contrajeran.

Esta rutina que describo sucintamente acá se ha repetido durante los últimos 7 años. Durante la mayor parte del tiempo.

Hace 5 años le dijeron que tenía diabetes, así que tendría que empezar a cuidarse. Lo primero que hizo fue dejar la harina tostada y dejó de tomar bebidas. Pero el no dejó el azúcar, pues la sacarina o el stevia le parecían asquerosos, así que mucho cambio no hubo.

El hijo mayor, que lo iba a visitar todos los domingos desde la 6ta región, le compró una bicileta para que saliera a andar todas las tardes, una manera de mejorar la vida sana, aunque fuera recién a los 71 años. El viejo, antipático como el solo, decidió darle una oportunidad al regalo de su hijo, así que un día, inmediatamente después de su ritual de comer sandía, salió a andar en bicicleta. 

Al principio le costó mucho mantener el equilibro, hace décadas que no se subía a una bicicleta, pero lo logró.

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sábado, 10 de enero de 2015

Celofán - 2014



Gané y perdí.

Lloré y reí.

Me enamoré y me desenamoré en pocas semanas.

Viví la muerte más dura con el Gaspar.

Me consolidé y flopié.

Soy un celofán.

Flexible, duro a la tracción, fácil de cortar.


Enalapril maleato

Llegaba a la casa luego de una cansadora tarde de preuniversitario. El perro lo recibía con movimientos convulsionados de su cola. Le hacía un poco de cariño y lo olvidaba. La madre estaba cocinando el almuerzo del otro día. El hermano estaba en la mesa del comedor con el notebook prendido y con los audífonos puestos. Se saludaron con un gesto mínimo. El papá estaba en la pieza matrimonial comiéndose un sandwich, reemplazo de la cena, mientras miraba un capítulo repetido de una serie cómica del Warner Channel, una en la que salen unos ñoños estereotipados.

Se iba a la pieza que compartía con el hermano, se sacaba los zapatos del colegio. Siempre era lo primero que hacía. Luego se tiraba a la cama y olía su almohada por unos segundos. Rápidamente se levantaba - para no quedarse dormido - y ordenaba su mochila para el día siguiente. Miraba el horario que tenía pegado en la pared. Se rascaba la nuca y se hacía sonar los dedos de la mano derecha. Siempre hacía eso.

Volvía a la cocina para contarle a la mamá lo que había hecho en el día. La mamá hace tiempo que no tiene algo que contar, ya que no sale mucho de la casa. Le cuenta en todo caso lo que vio en el matinal. La Karen se había disfrazado de no sé qué y eso le había causado mucha risa. Pero después se aburrió porque empezaron a hablar de tragedias, así que la cambió al 9 para reírse un rato de las tonteras que hacía la Paty Maldonado. A ella le caía bien a pesar de que mucha gente dijera que era una vieja culia pinochetista. Se reía tiernamente con las cosas que le contaba su mamá, igual era una vieja aperrá. Le contaba que se sacó otro 6 en el colegio y que en los ensayos del preu iba subiendo de puntaje. La mamá lo felicitaba y le decía que tenía que sacar puntaje nacional, que de esa manera el hijo saldría adelante, se ganaría una beca y podría estudiar tranquilo. Ojala algo que le diera platita para tener una buena vida, que se traduce en una casa y un autito. Y vacaciones dignas.

Se sentaba luego al lado del hermano para comerse un pan con chancho y un vaso de jugo en polvo. Siempre le gustaba mirar lo que hacía en el computador, pero su hermano lo miraba con cara de odia, así que poco a poco dejó esa costumbre y comenzó a mirar las noticias de la tele. Hablaban de reformas educativas, de fin al lucro, de no a la segragación. EQUIDAD, EQUIDAD, EQUIDAD. 
La cambiaba de canal, para llegar siempre a los canales de música. Le gustaba mirar videos repetidos todos los días. Nunca entendería porque siempre ponen los mismos videos a la misma hora.

La mamá se sentaba luego con él y le decía que había arroz con vienesas, o con jurel o con pollo con arvejas para mañana. La tenía que calentar nomás. Ahora se iba a acostar, porque estaba cansada. Se daban un beso de despedida y la mamá se acostaba al lado de su esposo de la manera más callada posible, para que su marido no se enojara, pues siempre le interrumpía su tiempo a solas. Casi se sentía culpable de acostarse a su lado.

El papá dejaba abajo de la cama el plato con unas servilletas sucias que serían retiradas por la mamá al otro día, se sacaba toda la ropa hasta quedar en calzoncillos y se ponía a dormir. La mamá tomaba disimuladamente el control de la tele y veía sus programas favoritos en mute. Para no perturbar a su amado esposo.

El hermano se iba a acostar con el notebook entre sus brazos. Se quedaba solo en el living-comedor. Abría un libro y comenzaba a estudiar. Hoy día le tocaba repasar un poquito de biología. Sistema cardiovascular. La mamá se levantaba de pronto. Lo miraba y le hacía cariño en la cabeza. 

"Se me olvidó tomarme la pastilla".

Se daban otro beso de buenas noches y la mamá se iba con el enalapril maleato de 10 mg que partía por la mitad.

Hipertensión: enfermedad crónica caracterizada por un incremento continuo de las cifras de la presión sanguínea. Tenía que aprenderse las causas, los síntomas, los tratamientos. 

Los vecinos comienzan a gritar y a poner música a un alto volumen para tratar de pasar desapercibidos. Ya deben de ser las 10. Todos los días era igual. La hija de sus vecinos intenta estudiar a pesar de que no sabe muy bien para qué, mientras la mamá se mete a la boca un kilo de grasas luego de haber tenido la cuota de pelea con su pareja, mirando un programa de cirugías plásticas soñando con ser tan rica como las modelos de la tele. El hermano chico está tratando de buscar nuevas formas de romper sus juguetes. Su papá va a la cama buscando culear a la mujer que minutos atrás le produjo un dolor de cabeza enorme. La abuela está con la luz prendida mientras intenta recordar algo. No sabe qué cosa. En verdad intenta como pasar el tiempo. Reza de aburrida. Ya se acordó. Mañana tiene hora en el consultorio. Verá al doctor, que es bien jovencito. Saldrá con una bolsita llena de remedios.Suspira y sigue rezando.

"En el nombre del Viagra, del Prozac y del Ritalín."

 Amén.