Cuento co-creado con Vicho, una de las personas más flops que la vida me ha hecho conocer, una tarde donde nos preguntamos vía wasap cómo es que la armónica no lleva H en español pero sí en inglés. Preguntas muy relevantes para la historia de la humanidad. Homenaje a este trabajo en conjunto :) El dibujo es de Vicho, donde muestra uno de sus tantos talentos artísticos :B
La Gran Guerra de la H se inició en el siglo III A.C.
Tanto españoles como ingleses quería la H para ellos,
aunque ninguno de los países tenía idea alguna sobre cómo ocuparla. Los
ingleses querían ponerla al lado de la W y decorar con ella todas sus palabras
de uso habitual, mientras que los españoles la querían para que iniciara sus
oraciones sin siquiera saber pronunciarla correctamente, de hecho, la ignoraban
y se la saltaban a la hora de hablar. Es por esa razón que muchos consideraban
que el uso de esta letra era una pérdida de tiempo (y de espacio en el
diccionario). Se dice entonces que fue
en esta época en donde el anarquismo nació, siendo su primer lema de lucha:
¡Guerra a la H! Grito que se expandió a grupos pacifistas que pensaban que
hacer una guerra por el uso de una letra era una ridiculez (aunque nunca
hicieron eco de las críticas de los ociosos que los trataban de contradictorios
al pedir la paz con un grito que incitaba a la guerra).
Y fue en esos mismos tiempos cuando apareció Félix von
Marées, un revolucionario que buscaba el fin de esta guerra, quien se reclutó
en las milicias anarquistas y deslumbró con sus divertidas intervenciones que
buscaban sacar de quicio a las autoridades. Siempre será recordado el lienzo
principal de la marcha del 1756, que rezaba VIVA EL HANARQUISMO, y también sus
diversas dotes artísticas, tanto así que se dice que creó su propio instrumento
de aire, el que no aparentaba ser más que un simple pedazo de metal. Pedazo de
metal que sólo simulaba ser un instrumento de aire, pues Félix escondía su
verdadero propósito, su verdadera utilidad: era una máquina del tiempo. De otro
modo no se explica cómo este sujeto surge en las milicias del Siglo III A.C y
luego enmarca un lienzo en el año 1756. Algunos historiadores, que conocían el
secreto de este instrumento, plantean que los viajes en el tiempo tenían un fin
netamente político-militar, pero otros, más románticos, sugieren que tenía un
motivo más trascendental: buscar a alguien. Los más osados se atreven a
comentar que Félix von Marées se relacionó de alguna manera con Georgina Wood,
la mujer que terminó con la Gran Guerra de la H en 1860. Eso quedará entre las
sombras, pero siguiendo con la historia, Félix vio en su instrumento una forma
de terminar con la guerra y decidió presentarlo a ambos frentes, los que
conocían a medias su nexo con el anarquismo. A ambos les dio la tarea de darle
un nombre que tuviera la H como emblema principal, que simbolizara la guerra y
el poder patriótico que había detrás. Harmónica, fue lo que él sugirió en ambas
partes. Ahí fue cuando las teorías conspirativas comenzaron a expandirse, la
teorías que planteaban que ese no era el verdadero Félix. Porque... ¿De qué
otra manera se puede explicar que uno de los líderes anarquistas que le
proclamó la guerra a la H decidiera nombrar a su instrumento harmónica? Los
ingleses se raptaron al verdadero Félix. Los españoles debían encontrarlo... Se
mandó una expedición rumbo a lo que algún día sería el Reino Unido. Tres
carabelas partieron cargadas de los españoles más doctos en las artes del
ocultamiento y la desaparición. Había doctores, guerreros, científicos y
políticos, y hasta el día de hoy se rumorea que también había un literato
merodeando de polizón entre los sótanos. Arribaron un 3 de septiembre y se
metieron con sigilo en las tierras inglesas, siguiendo el sonido de las
harmónicas y sus haches abrazadas a doblevés. En esos entonces Félix von Marées
ya conocía el lío que había armado y desapareció del mapa. Algunos comentan su
muerte y otros especulan que cambió de nombre y de época para llegar a ser uno
de los ilustres más brillantes del siglo de las luces. La historiografía conoce
a Félix von Marées como Alexander von Humboldt. Que a través de la excusa de
sus viajes de exploración se fue en busca de la hasta ahora olvidada Georgina
Wood, que en 1799 recién era una mujercita de 19 años. Mientras tanto, los
españoles que fueron en busca de Félix sufrieron una rotunda derrota ante los
ingleses, que como castigo y medio de dominación perenne, obligaron a los
españoles a usar la letra H por el resto de sus días. Eso incluía a la
harmónica que en ambos idiomas siguió escribiéndose igual. Pasaron muchos años
de pequeñas revueltas y revoluciones diminutas. Grandes literatos y genios de
la astrofísica sacaron a relucir el conflicto de la H como si jamás se hubiera
dado por terminado. Y así hasta el 1860, año en que una veterana Georgina Wood,
autora de 37 novelas y experta harmoniquista, falleció y dejó el más
interesante de los testamentos. De manos de un ilustre le habían llegado los
derechos de tal preciado instrumento, y como último deseo en su lecho de
muerte, ella quería inmortalizar a quien fuera el amor de su vida y su lucha.
Los españoles ya no podrían utilizar la H para nombrar aquel instrumento,
mientras que los ingleses sí podrían tenerla pero estaban condenados a
pronunciarla como una jota. Y colorín colorado, este cuento (flop) se ha
terminado.

