lunes, 1 de febrero de 2010















Destrucción.
Pero ese no es mi tema. Algunos ya familiarizados con mis escritos dirían que sí, pero mmm, por lo menos ésta vez no.
Cuando esta taza estaba todavía completa, estaba con natur con yogurt, encima de mi mesa de ping-pong (cerrada) allí en la punta, de una manera bastante inestable, pero no tanto para que se cayera con el golpear del viento.
No sé quien la dejó allí y no la entró a la cocina, pero lo que más me preocupa es por qué no se lo terminaron. ¡Es natur con yogurt!, bueno.
Estaba la taza con yogurt encima de mi mesa de ping-pong, y cuando fui a ver su contenido, me encontré con miles y miles de hormigas en un festín sin igual. Felices deben de haber estado. Estaba casi todo negro, casi ya no se veía el contenido. Habían hormigas muertas por el empacho dije yo. Pecadoras, murieron por gula, o se ahogaron en el yogurt. Penoso. Siempre he dicho que los únicos insectos que no me dan miedo son las hormigas, y son los únicos también que cuando mueren no me dan pena, verdadera pena. Quizás haya una conexión entre el miedo y la pena.
La otra vez vi un escarabajo, o cucaracha (no sé cuál es la diferencia, uno macho y uno hembra?), y era ¡gigante! y no pude matarlo, a pesar de que mi hermano y yo somos alérgicos a esos bichos en grado extremo. Le pica y muere. Fin. En serio, es chistoso como te puede matar un bicho de una mordida. La cosa es que no la maté a pesar del miedo. Confieso que incluso me reí y me dio miedo mi risa, porque fue como una risa loca, como de película. Me reí de mi mismo, de mi respeto por el bicho, como si ni yo mismo me la creyera. Pero esto no tiene que ver con la foto, o quizás sí. Yo creo que no, para ser sincero.
Esa visión de la taza llena de hormigas me llevó a preguntarme una cosa tonta, digo tonta porque pienso que debe de ser tonta, así de simple. Caminos de hormigas. Todos las hemos visto. Unas en una dirección y otras en la contraria. Subiendo por la mesa (y también bajando, por supuesto), había una interminable fila de hormigas trabajando y saciando su hambre, guardando comidita para el crudo invierno. Ellas felices con la taza de yogurt, gracias dioses de dos patas. La fila seguía por la tierra hasta que desaparecía de mi vista. De chico siempre quise ser del tamaño de una hormiga y encontrarme con ellas, allí no me daba miedo, ahora pienso en que si tuviera su mismo tamaño y me encontrara con una lloraría y saldría corriendo.
La pregunta, mi pregunta, ¿Cuál es la hormiga líder? ¿Quién comienza la filita, la que decide donde ir? ¿Qué características debe tener esa hormiga? ¿Por qué todas la siguen?
Quizás los expertos en hormigas, me acuerdo de uno, E.O Wilson, ya hallan contestado esas preguntas. Algún día la sabré, es probable que mi curiosidad me gane.
Pero me llama la atención la iniciativa, el que un individuo atraiga a miles de otros iguales, o aparentemente iguales a él. Interesante. Por lo menos para mí, no para el Gaspar, que chocó con la mesa de ping-pong y botó la taza, se quebró y desaparecieron las hormigas. Me dio pena porque le iba a sacar una foto con ellas encima. No alcancé, es obvio, pero me llama la atención que ya no había ninguna hormiga, muy indigno para ellas, un refugio roto. No habían rastros de su camino. El líder eligió otro lugar.

1 comentario:

  1. es verdad, y así pasa lo mismo con muchas palabras... Dieguito hermoso te extraño mucho !
    me gustó mucho tu blog y que rico saber que inspiré a alguien :)

    un beso enorme!

    ResponderEliminar

Escribir es...