Aló. ¿Hablamos con la señora Verónica Salazar?
Era una voz femenina desconocida. Quizás la nueva
secretaria del alcalde. Con tanto pensar se olvidó de contestar. Le repitieron
la pregunta. Sí, con ella. Buenos días señora Verónica. La llamamos de Canal
13. Por el tema del reality. Nos gustaría que viniera al canal, a una
entrevista presencial.
Se le apretó la guata. Un aire heladísimo le recorrió
la espalda. Por un momento se olvidó del olor. La habían seleccionado. Sería
famosa. Sería flaca. Qué importaba la villa Chile. Qué importaba la mierda de
proyecto. Qué importaba el vertedero. Que la canuta se quede con el alcalde si
quiere. Que se lo culee. Le daba lo mismo. Ahora dejaría de pensar en los
demás.
Por supuesto. ¿Cuándo debo ir? Mañana a las cuatro de
la tarde. Si es posible. Quizás que famoso la entrevistaría. Tendría que firmar
contrato. No iba a cobrar tanto, si igual la estaban ayudando. ¿Habrían llamado
a la Myriam? No era muy factible que llamaran a dos gordas de la misma
población. No sería un buen casting. Pobre Myriam. Pero pucha, siempre supo que
era la mejor candidata.
Claro que puedo. Iré feliz. Muchas gracias por haberme
elegido. No los defraudaré. ¿Más o menos cuando partiría el programa? De verdad
repito las gracias. Estoy honrada. Muy feliz. No los defraudare. Estoy feliz.
Silencio incómodo, seguido de una carcajada que venía
de al lado de la mujer que hablaba con la Vero. Señora Verónica. Usted todavía
no ha sido seleccionada. Disculpe si lo malinterpretó. Es una entrevista
presencial para conocerla mejor. No es definitivo. Todavía quedan un par de
etapas de casting.
Por supuesto que eso le decían para que no filtrara
información. Para que no se le subieran los humos a la cabeza y no pidiera
tanta plata al momento de firmar el contrato. Cosas de ellos, les iba a seguir
el juego. Discúlpeme señorita, es la emoción. Claro que entiendo los procesos,
no se preocupe. Me tendrá mañana a las 4. Sin falta. Puntual. Ok, nos vemos
señora Verónica. Hasta luego.
Colgó. Gritó. Saltó. Gritó y saltó al mismo tiempo.
Luego sólo saltó. Se lanzó encima de su marido y lo besó en los labios, en las
mejillas, en la frente, en el cuello. Pablo no entendía nada. Le preguntó qué
pasaba. La Vero le contó sobre el cuestionario que llenó para entrar a un
reality de gordos. Al Pablo no le gustó nada la idea. La Vero le dijo que
estaba prácticamente dentro del programa. Que cambiaría su vida. Se fue al refrigerador
y sacó queso y cecina lisa. Se hizo un pan. Se sirvió un vaso de bebida. Tenía
que celebrar. Pablo se imaginó hablando en la televisión. Se imaginó a un
periodista preguntándole sobre la Vero. Le pedirían que le dijera te amo a la
cámara. Todos sus amigos se burlarían de él. La gente en la calle lo apuntaría.
Dirían que era el esposo de la guatona de la tele. Los más morbosos se
imaginarían su pene aplastado por la masa de grasa y harían bromas más crueles.
No, no le gustaba nada la idea.
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