domingo, 28 de septiembre de 2014

¡Guerra a la H!


Cuento co-creado con Vicho, una de las personas más flops que la vida me ha hecho conocer, una tarde donde nos preguntamos vía wasap cómo es que la armónica no lleva H en español pero sí en inglés. Preguntas muy relevantes para la historia de la humanidad. Homenaje a este trabajo en conjunto :) El dibujo es de Vicho, donde muestra uno de sus tantos talentos artísticos :B

La Gran Guerra de la H se inició en el siglo III A.C.

Tanto españoles como ingleses quería la H para ellos, aunque ninguno de los países tenía idea alguna sobre cómo ocuparla. Los ingleses querían ponerla al lado de la W y decorar con ella todas sus palabras de uso habitual, mientras que los españoles la querían para que iniciara sus oraciones sin siquiera saber pronunciarla correctamente, de hecho, la ignoraban y se la saltaban a la hora de hablar. Es por esa razón que muchos consideraban que el uso de esta letra era una pérdida de tiempo (y de espacio en el diccionario).  Se dice entonces que fue en esta época en donde el anarquismo nació, siendo su primer lema de lucha: ¡Guerra a la H! Grito que se expandió a grupos pacifistas que pensaban que hacer una guerra por el uso de una letra era una ridiculez (aunque nunca hicieron eco de las críticas de los ociosos que los trataban de contradictorios al pedir la paz con un grito que incitaba a la guerra).

Y fue en esos mismos tiempos cuando apareció Félix von Marées, un revolucionario que buscaba el fin de esta guerra, quien se reclutó en las milicias anarquistas y deslumbró con sus divertidas intervenciones que buscaban sacar de quicio a las autoridades. Siempre será recordado el lienzo principal de la marcha del 1756, que rezaba VIVA EL HANARQUISMO, y también sus diversas dotes artísticas, tanto así que se dice que creó su propio instrumento de aire, el que no aparentaba ser más que un simple pedazo de metal. Pedazo de metal que sólo simulaba ser un instrumento de aire, pues Félix escondía su verdadero propósito, su verdadera utilidad: era una máquina del tiempo. De otro modo no se explica cómo este sujeto surge en las milicias del Siglo III A.C y luego enmarca un lienzo en el año 1756. Algunos historiadores, que conocían el secreto de este instrumento, plantean que los viajes en el tiempo tenían un fin netamente político-militar, pero otros, más románticos, sugieren que tenía un motivo más trascendental: buscar a alguien. Los más osados se atreven a comentar que Félix von Marées se relacionó de alguna manera con Georgina Wood, la mujer que terminó con la Gran Guerra de la H en 1860. Eso quedará entre las sombras, pero siguiendo con la historia, Félix vio en su instrumento una forma de terminar con la guerra y decidió presentarlo a ambos frentes, los que conocían a medias su nexo con el anarquismo. A ambos les dio la tarea de darle un nombre que tuviera la H como emblema principal, que simbolizara la guerra y el poder patriótico que había detrás. Harmónica, fue lo que él sugirió en ambas partes. Ahí fue cuando las teorías conspirativas comenzaron a expandirse, la teorías que planteaban que ese no era el verdadero Félix. Porque... ¿De qué otra manera se puede explicar que uno de los líderes anarquistas que le proclamó la guerra a la H decidiera nombrar a su instrumento harmónica? Los ingleses se raptaron al verdadero Félix. Los españoles debían encontrarlo... Se mandó una expedición rumbo a lo que algún día sería el Reino Unido. Tres carabelas partieron cargadas de los españoles más doctos en las artes del ocultamiento y la desaparición. Había doctores, guerreros, científicos y políticos, y hasta el día de hoy se rumorea que también había un literato merodeando de polizón entre los sótanos. Arribaron un 3 de septiembre y se metieron con sigilo en las tierras inglesas, siguiendo el sonido de las harmónicas y sus haches abrazadas a doblevés. En esos entonces Félix von Marées ya conocía el lío que había armado y desapareció del mapa. Algunos comentan su muerte y otros especulan que cambió de nombre y de época para llegar a ser uno de los ilustres más brillantes del siglo de las luces. La historiografía conoce a Félix von Marées como Alexander von Humboldt. Que a través de la excusa de sus viajes de exploración se fue en busca de la hasta ahora olvidada Georgina Wood, que en 1799 recién era una mujercita de 19 años. Mientras tanto, los españoles que fueron en busca de Félix sufrieron una rotunda derrota ante los ingleses, que como castigo y medio de dominación perenne, obligaron a los españoles a usar la letra H por el resto de sus días. Eso incluía a la harmónica que en ambos idiomas siguió escribiéndose igual. Pasaron muchos años de pequeñas revueltas y revoluciones diminutas. Grandes literatos y genios de la astrofísica sacaron a relucir el conflicto de la H como si jamás se hubiera dado por terminado. Y así hasta el 1860, año en que una veterana Georgina Wood, autora de 37 novelas y experta harmoniquista, falleció y dejó el más interesante de los testamentos. De manos de un ilustre le habían llegado los derechos de tal preciado instrumento, y como último deseo en su lecho de muerte, ella quería inmortalizar a quien fuera el amor de su vida y su lucha. Los españoles ya no podrían utilizar la H para nombrar aquel instrumento, mientras que los ingleses sí podrían tenerla pero estaban condenados a pronunciarla como una jota. Y colorín colorado, este cuento (flop) se ha terminado.



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