viernes, 11 de febrero de 2011

De nuevo.

Pero él se sentía triste, sin esperanzas. Ella no sabía de su existencia, a pesar de vivir cerca de él. No sabía de sus sentimientos, y decimos sentimientos porque al pasar los días, las semanas, él comenzó a sentir cariño por ella, a quererla.

Todos los días, él se sentaba al lado de la ventana y esperaba a que la muchacha pasara por la vereda de enfrente de su casa, con su bella sonrisa, sin conocer de la existencia del muchacho de detrás de la ventana.

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