No tengo otra palabra que mi boca
para hablar de mí mismo,
mi lengua tartamuda
que nombra la mitad de mis visiones
bajo la lucidez
de mi propia tortura, como el ciego que llora
contra un sol implacable.
martes, 16 de marzo de 2010
"...La rana de la mancha naranja saltó a mi escritorio y recuperó su ojo. Se fue. Se fue sin despedirse y sin preocuparse de mí. Cuando yo si lo había hecho por ella. Me traicionó..."
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